Me atreví a mirarle a la cara. ¿Sabes cuando ves a alguien y te resulta increíblemente familiar? Pues empezó a sucederme de manera continua cuando empecé a fijarme en él. Cada mañana la misma historia. Y es que, realmente, a diario estaba ahí. No fue hasta entonces, cuando le miré de frente, que noté que nos conocíamos de algo.
Obviamente, él disimuló mirándome de reojo y se desplazó trazando un movimiento occidental.
Me encerré en casa y empecé a cavilar en qué momento de nuestras vidas nos habíamos cruzado antes, en qué lugar se produjo un encuentro pasado... ¿por qué conocía ya esa fisonomía a la perfección?
Estuve tres noches sin dormir, buscando en el Dios Google alguna respuesta, con una enorme presión craneal, estaba a punto de padecer ceguera... hasta que me harté y decidí asomarme a la ventana. Pretendía calmar mi ansiedad fumando un cigarro que encendí con un mechero de propaganda de un mecánico. Fue entonces, al mirar al cielo con la primera calada, cuando hallé todas mis respuestas.
No podía creerlo, lo conocía porque siempre que podía acudía a sus espectáculos en plan “Divine” con un precioso traje plateado al que le iba cambiando la forma. Bailaba y cantaba como una “loca” durante toda la noche con un maquillaje farandulero. Medía muchísimo, ya que calzaba unos taconazos y unas plataformas de infarto.
No tenía ninguna duda... era él. El mismo que veía por las mañanas y al que todo el mundo teme mirar por su aire sobrio y su gran tamaño, es a quienes todos adoran, miran y sonríen por la noche. Entonces me encajó la dificultad de hacerlos coincidir a ambos en un mismo espacio.
Comprendí que había descubierto que era un mismo personaje con dos caras distintas, un mismo personaje travestido. Por las noches adoptaba una imagen distinta y el nombre de Luna, mientras que a las claras del día hacía llamarse Sol.
Aquella mañana me desperté, como de costumbre, antes de tiempo. Y es que por un momento vislumbré ante mí algo que me haría cambiar una percepción de la realidad; vislumbré una idea.
Me di cuenta de que no son espasmos lo que alguien produce al dormir, si no que se trata de algo más complejo. Se trata de un modo de transmitir un tambaleo y una vibración en otro ser.
Obviamente, él disimuló mirándome de reojo y se desplazó trazando un movimiento occidental.
Me encerré en casa y empecé a cavilar en qué momento de nuestras vidas nos habíamos cruzado antes, en qué lugar se produjo un encuentro pasado... ¿por qué conocía ya esa fisonomía a la perfección?
Estuve tres noches sin dormir, buscando en el Dios Google alguna respuesta, con una enorme presión craneal, estaba a punto de padecer ceguera... hasta que me harté y decidí asomarme a la ventana. Pretendía calmar mi ansiedad fumando un cigarro que encendí con un mechero de propaganda de un mecánico. Fue entonces, al mirar al cielo con la primera calada, cuando hallé todas mis respuestas.
No podía creerlo, lo conocía porque siempre que podía acudía a sus espectáculos en plan “Divine” con un precioso traje plateado al que le iba cambiando la forma. Bailaba y cantaba como una “loca” durante toda la noche con un maquillaje farandulero. Medía muchísimo, ya que calzaba unos taconazos y unas plataformas de infarto.
No tenía ninguna duda... era él. El mismo que veía por las mañanas y al que todo el mundo teme mirar por su aire sobrio y su gran tamaño, es a quienes todos adoran, miran y sonríen por la noche. Entonces me encajó la dificultad de hacerlos coincidir a ambos en un mismo espacio.
Comprendí que había descubierto que era un mismo personaje con dos caras distintas, un mismo personaje travestido. Por las noches adoptaba una imagen distinta y el nombre de Luna, mientras que a las claras del día hacía llamarse Sol.
Aquella mañana me desperté, como de costumbre, antes de tiempo. Y es que por un momento vislumbré ante mí algo que me haría cambiar una percepción de la realidad; vislumbré una idea.Me di cuenta de que no son espasmos lo que alguien produce al dormir, si no que se trata de algo más complejo. Se trata de un modo de transmitir un tambaleo y una vibración en otro ser.
Entonces, esbocé una sonrisa... y me volví a dormir.

1 comentarios:
alomejor el chocolate es nata trvestida =P hahaha
Publicar un comentario en la entrada